El Espacio de Igualdad Gloria Fuertes deja la icónica Plaza de las Mujeres

Ya lo advertimos hace unos meses y esta semana será una realidad. Comienza el desmantelamiento del Espacio de Igualdad Gloria Fuertes, que dejará la icónica Plaza de las Mujeres, donde las instalaciones eran las adecuadas para un espacio como ese, y se trasladará a la calle Calahorra, donde no cuenta con unas instalaciones apropiadas para desarrollar sus actividades con normalidad (la prometida reforma para adaptar los espacios queda en el limbo). El concejal Ángel Ramos cumple utiliza la nueva (e inexistente) estrategia del Ayuntamiento de Madrid de fomentar la igualdad entre hombres y mujeres para acabar con una de sus obsesiones: la Plaza de las Mujeres. Lo cierto es que mezclar esta labor de concienciación con la lucha contra la violencia machista es no entender nada ni querer hacer nada en ninguno de los dos ámbitos.

Os dejamos una reflexión que nos han hecho llegar sobre lo que significa el traslado del EI Gloria Fuertes. La infamia se consuma.

Donde nos quisieron arrancar, nos volvimos raíz

No es un traslado. No es una reorganización. No es un cambio técnico ni una decisión neutra.

¿Qué significa el traslado del Espacio de Igualdad Gloria Fuertes?

Es una forma de decirnos, otra vez, que nuestros espacios sobran cuando empiezan a importar. El Espacio de Igualdad Gloria Fuertes no era solo un lugar. Era un latido en el centro de Vicálvaro. Era memoria viva, red tejida con tiempo, con cuerpos, con historias que no caben en expedientes administrativos. Sacarlo de la Plaza de las Mujeres no es mover paredes. Es desplazar los sentidos. Es intentar romper el vínculo entre territorio, comunidad y lucha.

Porque las plazas no son solo suelo: son símbolo, son presencia, son disputa. Nombrar una plaza como “de las mujeres” no fue un gesto decorativo, fue una afirmación política. Y arrancar de ahí un espacio feminista consolidado es, sin rodeos, una forma de violencia institucional.

Nos dicen que es gestión. Pero sabemos leer entre líneas. Sabemos que cuando se aleja un recurso, se trasladan los grupos a un centro cultural, se aleja también del acceso. Que cuando se reduce la visibilidad, se debilita la red. Que cuando se rompe el arraigo, se enfría la comunidad. No es casualidad. Es estructura1.

Y cuando un espacio feminista pierde centralidad, no pierde solo ubicación: pierde potencia política. La Plaza de las Mujeres, no fue diseñada desde arriba: fue construida, nutrida y recreada desde abajo.

El Espacio simbólico y real del Gloria Fuertes nació antes que las redes institucionales. Las vecinas, las tejedoras lo hicieron 40 años atrás. Desde las luchas, desde la necesidad compartida de encontrarse, cuidarse y organizarse.

Por eso, su desplazamiento no es una reubicación: es una amputación. Se le arranca de su territorio, de su historia, de su lugar de enunciación, ese lugar desde el que las comunidades construyen discurso, sentido y legitimidad.

Y mientras tanto, nos hablan de una nueva estrategia. De “modernizar”, de “transformar”, de “optimizar”.

Pero lo que se dibuja no es una mejora, sino un cambio de modelo:
del feminismo al asistencialismo,
de la comunidad a lo particular,
del proceso  a la gestión momentánea.

Sustituir espacios de prevención, sensibilización y empoderamiento por dispositivos asistenciales y fusionar la Red de Atención a las violencias llamadas de género, con la red de Espacios de Igualdad, no es avanzar: es reducir la promoción de igualdad a la atención de daños ya producidos.2

Eliminar o debilitar los espacios que trabajan esas raíces no es neutral: es perpetuarlas. Y lo sabemos. Lo vivimos.

Cuando la igualdad se convierte en un contrato, cuando depende de tiempos limitados, cuando se externaliza y se fragmenta, deja de ser un derecho fundamental, para convertirse en algo precario.

Y en ese vacío, crecen el aislamiento, la desprotección y el silencio. Porque la violencia no aparece de la nada. Se cultiva en contextos donde faltan redes, donde faltan espacios, donde faltan políticas públicas que sostengan la vida.  Por eso, esto no va solo de un edificio. Va de qué modelo de ciudad queremos. De qué vidas importan en el mapa. De quién tiene derecho a estar en el epicentro, entendiendo este como el corazón vivo de lo que estaba ocurriendo. En Vicálvaro lo tenemos claro: hay decisiones que no son neutras, aunque se disfracen de gestión3. Y también tenemos claro algo más importante: no nos van a encontrar en silencio.

Durante los 9 años y 4 meses del Espacio de Igualdad Gloria Fuertes, ubicado en la primera planta del Edificio llamado Centro Social Polivalente -junto a la jardinera que, con sus lazos morados, recuerda a las víctimas de la violencia machista, mujeres y niñxs-, este lugar ha sido mucho más que un punto de encuentro.

Ha sido un espacio donde las experiencias de la diáspora no se han reducido a una sola historia, sino que se han tejido en su diversidad: con memoria que resiste al desarraigo, con identidades que se reconstruyen en distintos territorios, con culturas que cambian sin desaparecer y con luchas que se conectan entre sí.

Bajo el lema “Soñando entre culturas, entrelazando luchas”, la plaza se convirtió en un lugar donde las historias se escuchan, se reconocen y se apoyan mutuamente, construyendo comunidad desde la memoria, la diversidad y la dignidad compartida.

Porque mientras se juegan sus estrategias politiqueras, en el barrio pasan otras cosas. Las vecinas se organizan. Las redes se fortalecen. Las voces se multiplican. Nos quisieron dispersas y nos encontraron juntas. Nos quisieron invisibles y ocupamos las plazas. Nos quisieron con miedo y nos crecieron alas4.

Defender el Espacio de Igualdad Gloria Fuertes, no es una cuestión de comodidad. Es una cuestión de justicia territorial, de acceso real, de dignidad colectiva. La igualdad no se desplaza. No se externaliza. No se vacía.

La igualdad se construye. Y se defiende.

Cada día. Entre todas, todes y todos.

Analirio Patiño Martínez

Plataforma en Defensa de los Espacios de Igualdad

21.03.2026

Vikálvaro – Madrid

  1.  Como recuerda el pensamiento crítico negro, el poder no solo actúa a través de lo que se prohíbe, sino de lo que se invisibiliza, de lo que se desplaza fuera del campo de lo visible y lo legítimo. Stuart Hall lo explicaba al hablar de cómo la diferencia se organiza y se representa para sostener jerarquías. Aquí también hay representación: qué se deja en el centro y qué se empuja a los márgenes. ↩︎
  2. Angela Davis lleva décadas señalando que las estructuras que sostienen la desigualdad no se desmontan con respuestas parciales, sino con transformaciones profundas que atiendan a las raíces del problema. ↩︎
  3. El concejal presidente del Distrito de Vicálvaro, Ángel Ramos Sánchez, del Grupo Municipal del Partido Popular y antiguo vecino del distrito, ha recibido a las vecinas en su despacho y las ha tenido frente a él en los Plenos de la Junta. Sin embargo, desde una posición atravesada por la soberbia que sostiene el poder masculino, ha optado por cerrar los oídos, los ojos y todos sus sentidos, ante cualquier posibilidad de diálogo y negociación. Lejos de atender las demandas del barrio, continúa adelante con sus decisiones, en clara sintonía con José Fernández Sánchez, actual delegado del Área de Gobierno de Políticas Sociales, Familia e Igualdad del Ayuntamiento de Madrid. 21.03.2026. ↩︎
  4. La frase ha sido muy difundida por la artista mexicana Mare Advertencia Lírika, rapera zapoteca y activista feminista. Ella la incorpora en su trabajo y en el imaginario de lucha desde Abya Yala, donde estas palabras toman cuerpo político y territorial. La frase se vuelve popular, a nivel internacional por la “Canción Sin Miedo” de Vivir Quintana.
    Vivir Quintana – Canción sin miedo ft. El PalomarYouTube·Vivir Quintana·7 mar 2020 ↩︎