Alergia a la participación democrática

Alergia a la participación democrática

Desde la Asociación Vecinal de Vicálvaro expresamos nuestro total rechazo a los repetidos ataques a la participación ciudadana que están produciéndose desde el actual Ayuntamiento de Madrid. La situación sanitaria debido a la pandemia está sirviendo de excusa para reducir a la mínima expresión los cauces de participación democrática de la ciudadanía utilizando, además, una doble vara de medir según convenga a los actuales gestores, prohibiendo o permitiendo aquello que les interesa.

La realidad es que a los actuales regidores del Ayuntamiento Madrid (Partido Popular y Ciudadanos, con el inestimable apoyo de VOX) no les gusta la participación de la ciudadanía y, desde que llegaron a la Alcaldía, han dado buenas muestra de ello. La primera prueba la ofrecieron cuando anunciaron el cierre de los espacios vecinales que habían ido consolidándose los años anteriores: la EVA de Arganzuela, la Casa de la Cultura de Chamberí, el Mercado de Frutas y Verduras de Legazpi, etc. Su argumento se basaba en que eran “chiringuitos” (PP, Ciudadanos y Vox saben mucho de chiringuitos), aunque, en realidad, lo que no les gustan son los espacios de colaboración entre vecinas y vecinos. En Vicálvaro, asociaciones que tenían locales municipales cedidos han visto como se les vetaba su uso durante meses, aunque se garantizasen los protocolos sanitarios, y se les amenaza con anular la cesión y sacarla a concurso. Individualismo 1, trabajo colectivo 0.

Cientos de proyectos de Presupuestos Participativos, anulados

El rechazo de cientos de proyectos que muchas ciudadanas y ciudadanos habían presentado en las diferentes convocatorias de los Presupuestos Participativos, y que estaban aprobados y dotados de su presupuesto correspondiente, fue la segunda decisión que también perseguía limitar la intervención vecinal. En concreto, en Vicálvaro, nos hemos quedado sin propuestas importantes como, por ejemplo, la peatonalización de la calle Villablanca, espacios lúdicos para jóvenes, casa de niños y ludoteca pública en Valderrivas o un carril-bici y caminos peatonales para unir los parques del distrito. El Cañaveral, un barrio sin dotaciones, ha perdido aún más: un rocódromo, un bosque urbano y un parque canino, que también habían solicitado los propios vecinos. Ahora podemos ver en las farolas una campaña publicitaria del Ayuntamiento de una nueva convocatoria de los Presupuestos Participativos destacando que se destina a ese fin 50 millones de euros. Lo que no dicen, lo que ocultan y esperan que la ciudadanía madrileña lo haya olvidado, es que esa cantidad es la mitad de lo que se destinó a esa actividad en el último año del gobierno de Ahora Madrid. Es decir, presumen de lo que, en la práctica, es un recorte más.

Los Foros Locales siempre estuvieron en el punto de mira de la derecha madrileña porque nunca les gustó ese proyecto de participación vecinal: apenas formaron parte de él y, cuando lo hicieron, era solo para mantener cierto “control” sobre los mismos. Por eso, desde el principio anunciaron que iban a sustituirlos y así lo han hecho, aprobando los llamados Consejos de Proximidad, un órgano que acaba con la participación ciudadana como tal, para sustituirla por una especie de comités vecinales controlados por los vocales vecinos de cada distrito, es decir, por los propios partidos que gobiernan la corporación municipal. Este ha sido el tercer ataque a la participación vecinal. En Vicálvaro, el día de la constitución de estos Consejos solo pudo formalizarse uno de los nueve previstos por falta del quórum requerido.

Decisión despótica con freno y marcha atrás

Y cuando creíamos que el Ayuntamiento de Madrid no podía ir más allá, llegó el cuarto golpe a la participación: la decisión de prohibir la entrada de vecinas y vecinos a los plenos de los distritos. Se pretendía que las asociaciones que presentaran alguna propuesta solo pudieran entrar para defenderla (lo que implica esperar en la puerta no se sabe cuánto tiempo a que les dejen pasar para intervenir 3 minutos). Esto suponía un paso atrás incluso sobre la situación limitada de la pandemia en la que quien defendía una propuesta vecinal podía asistir a todo el pleno.

En el caso de Vicálvaro, los plenos se celebran en el salón de actos del Centro Cultural El Madroño, un escenario amplio (no hay problemas de aforo) en el que, desde hace ya varios meses, vienen celebrándose diversos actos lúdicos y culturales en los que suele participar mucho más público que en los Plenos. Entonces, ¿por qué se pretendía impedir el acceso a los plenos? Lo cierto es que estos se habían convertido en actos secretos porque habitualmente tampoco funciona la retransmisión en directo.

Era una decisión arbitraria y despótica porque la única verdad es que no les gusta que vecinas y vecinos intervengan en los plenos, digan lo que opinan sobre las propuestas que se presentan o sean testigos de los despropósitos y mala gestión de los concejales de turno. Tanto es así y tanto quedaban en evidencia que han tenido que recular ante las protestas vecinales y sacar un nuevo decreto el pasado 17 de septiembre, por el que se permite la presencia de público hasta completar el aforo que rige por las condiciones sanitarias de la pandemia.