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Las obras del CDM Margot Moles: se hace necesaria una explicación

Editorial 

Durante el mandato municipal anterior se hicieron importantes obras en el Centro Deportivo Municipal Margot Moles.

Una de ellas fue en la piscina de verano. La intención inicial era llevar a cabo una reforma con la que hacer frente a los muchos años de abandono inversor en una instalación que es utilizada por decenas de miles de usuarios todos los años. Pero cuando los técnicos comprobaron el estado real de la instalación llegaron a la conclusión de que no había reforma posible, que había que reconstruirla totalmente. La falta de recursos para garantizar un mantenimiento adecuado durante más de dos décadas por parte del PP fue de tal magnitud, que lo que se podría haber ido reparando poco a poco, se fue acumulando hasta hacer que la piscina fuera totalmente inservible.

En consecuencia, se tuvo que incrementar el presupuesto inicialmente adjudicado para esta intervención, destinando a la construcción de la nueva piscina de verano un total de 2,5 millones de euros. Se inicia la obra, se levanta toda la vieja instalación, y cambia el equipo de gobierno.
Sin que nadie dé una explicación, la obra permanece parada durante meses. La opacidad de los responsables -la Dirección General de Patrimonio de la Concejalía de Hacienda- es manifiesta, no informan a nadie, ni siquiera a los empleados de la instalación deportiva, que ante la pregunta de los usuarios de qué pasa o de cuándo se va a terminar la reforma, no saben qué responder.

Lo cierto es que los trabajos en la piscina cubierta también se han ido prolongando mes a mes sin ningún tipo de explicación. Una obra que tenía que haber estado terminada para el comienzo del curso 2019-2020, es decir, en septiembre, como mucho octubre de 2019, se ha retrasado hasta final de año, después a enero y no se sabe aún si se abrirá en febrero de 2020.

La consecuencia es que los vecinos y vecinas que utilizamos las instalaciones del CDM Margot Moles hemos estado sin piscina, ni de verano ni cubierta, durante meses y meses. No hemos podido disfrutar de la piscina de verano en 2019, pero lo más preocupante es que debido a la paralización de las obras, parece posible que tampoco lo vamos a poder hacer en el verano de 2020. Lo cierto es que la de Vicálvaro no abrirá cuando lo hagan las demás piscinas municipales de Madrid. Eso fue lo que nos comunicó el concejal-presidente del Distrito, Martín Casariego, tanto en el Pleno de la Junta Municipal (en respuesta a la proposición presentada por la AVV) como en la reunión que mantuvimos con él en febrero pasado.

No es comprensible que la obra de una piscina, por muy nueva que se vaya a hacer, lleve más de dos años. Y más aún, cuando parece que no hay ninguna intención de llevar adelante el proyecto de dotar a la piscina de verano de una cubierta retráctil para poder utilizarla durante todo el año. El proyecto estaba elaborado, estaba valorado, por los técnicos de la D.G. de Patrimonio, pero no figura en los presupuestos municipales de 2020. Era parte de las obras previstas para terminar una instalación deportiva que se empezó a construir hace 40 años y nunca se terminó.

También había un proyecto elaborado y cuantificado de construcción de un nuevo pabellón que albergase un gimnasio y un rocódromo cubierto, que era una propuesta aprobada de Presupuestos Participativos, y tampoco aparece ni un euro en el presupuesto de 2020. Parece mentira que en una instalación deportiva de 85.000 metros cuadrados no haya gimnasio pero así es, y demuestra la falta de planificación durante muchos años a la hora de ir ampliando el polideportivo municipal.

Somos conscientes de que las obras, aunque conllevan inconvenientes, son necesarias, a veces imprescindibles, para poder disfrutar de los servicios públicos que la población vicalvareña necesita. Pero también es necesario informar de los problemas que surgen, de los plazos, de los cambios sobre las previsiones para que las molestias a los usuarios sean las menores posibles. Y, sobre todo, es necesaria más agilidad de la que se está demostrando.

No deberíamos acostumbrarnos a la falta de ciertos servicios públicos de forma indefinida. La institución debe velar porque un servicio no se deje de prestar ni un solo día para no perjudicar a nadie. Pero cuando esa ausencia dura meses, sin una sola explicación, es negligencia. Muchos se echan las manos a la cabeza cuando los trabajadores se declaran en huelga un día para defender sus intereses y se deja de prestar un servicio necesario. Pues si aplicáramos el mismo rasero debería alarmarnos e indignarnos mucho más su falta prolongada, inexplicada e indefinida.